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Recuerdos de mis años idos

Fue en los años treinta, en Fornells, cuna del eximio y delicado poeta Gumersindo Riera Sans, aquel que cantaba así, recordando su lugar de origen y su ascendencia pescadora:

                  “El meu pare, l’avi i tots
                  
els de la meva familia
                   foren pescadors d’ofici
                   a la costa nord de l’illa.
                   Ells només pescaven peixos,
                   jo pesc ensomnis i ritmes”

Fue en aquel bello e idílico lugar, cuando en su abrigado puerto amerizaba el hidroavión Dornier, de la Air France, procedente de Marsella y con destino a Argel, con cabida apenas para una docena de pasajeros, que se veía obligado a hacer escala en Fornells para repostar combustible y seguir viaje.

Uno de los empleados de la compañía aérea, marsellés él, se enamoró de una linda menorquina y casó con ella. Cuando cesaron aquellos vuelos –de los que nunca jamás se volvió a saber cosa alguna-, la pareja de recién casados decidió quedarse a vivir en la isla, aquella paradisíaca Menorca, de inolvidable memoria para los que tuvimos la suerte de conocerla entonces.

Por una extraña concatenación de ideas, seguramente por una reciente fotografía en la que aparecen dos andaluces de nacencia, hablándose entre ellos a través de un intérprete, ridículo suceso ocurrido en la conocida como Cámara Alta, he venido a recodar a aquel matrimonio que decía al principio, al que conocí hace ya muchos años, viviendo todavía en Mahón, cuando esa bella y – para mí- inolvidable ciudad, así como la isla entera, la llamada Isla Blanca y Azul, eran un verdadero paraíso de paz, de inalterable e inalterada belleza y armonía.

Aquel matrimonio del marsellés y la guapa isleña, menorquina ella hasta la médula de sus huesos, se hizo célebre en el círculo de sus amistades. De ese matrimonio había nacido un hijo, mozo por entonces de unos quince años, que llevaba trazas de llegar a ser hombre de provecho. De momento, igual que sus padres, dominaba a la perfección el francés, el menorquín y el castellano, estando además el hijo en vías de dominar el inglés, lengua ésta por entonces de menor relevancia  que el francés, que era la considerada como lengua culta y diplomática.

En el hogar familiar se hablaba por todos ellos, indistintamente, una u otra lengua de las tres que padres e hijo dominaban, e incluso –como era frecuente entonces en las islas-, se saltaba de una a otra lengua en la misma conversación, sin que ello originara dificultad alguna de entendimiento entre los parlantes.

Lo malo es que cuando marido y mujer discutían, por cualquiera de los pequeños percances que pueden surgir en cualquier matrimonio, generalmente bien avenido, cada uno de ellos se encastillaba –a falta de en otra cosa mejor-, en sus respectivas lenguas, él en el francés y en el menorquín la esposa, y de ellas no les apeaba nada ni nadie. Cada uno de ellos hablaba o gritaba por su lado, como ignorándose mutuamente, sin encontrar fórmula –voluntad tampoco-, para llegar a entenderse y hacer las paces.

Esta situación inter-matrimonial, que al principio no pasó de ser una desavenencia e ignorancia mutuas de carácter pasajero, fue agravándose con el tiempo, no sé si con la mayor edad de los cónyuges o con la real o supuesta importancia concedida por ellos mismos a los nimios problemas surgidos en sus diarios aconteceres.

El hijo, aquel bravo e inteligente mozo, si al principio ajeno a aquella ridícula situación, conforme fue haciéndose mayorcito empezó a sufrir en sus propias carnes aquel desatinado y absurdo encastillamiento de sus padres, obstinado cada uno en encerrarse en su propia lengua e ignorar todo lo que hasta sus oídos llegase hablado en la lengua del supuesto adversario, marido o mujer.

Decía el marido a la mujer: “Tais-toi, je ne comprends rien”, dándole la espalda,  y contestaba airada ésta al marido: “Calla tu d’una vegada, que no et entenc res”, adoptando igual postura de volverle las costillas.

Y seguía cada uno de ellos hablando, despotricando y en ocasiones hasta gritándose, los dos al mismo tiempo, él en francés, ella en menorquín, sin que lo dicho por una u otro guardasen ilación alguna entre sí.

En una de esas discusiones, cada día más frecuentes entre marido y mujer, apareció por allí el hijo, que hasta entonces se había abstenido de acercarse al lugar del  pelapollos, quien al darse cuenta del aparente o fingido distanciamiento lingüístico establecido entre sus padres, optó por mediar entre ellos, poniéndose a traducir al menorquín lo que su padre gritaba en francés y al francés lo que su madre vociferaba en menorquín.

Sorprendidos al principio de esa espontánea traducción filial y simultanea, dándose cuenta del ridículo papel que estaban haciendo, a marido y mujer les faltó excusa para no llegar a entenderse, acabando con ello aquella absurda postura que un día adoptaron, más por herirse entre ellos que por menospreciar al adversario.

Al fin hubieron de decir conjuntamente: “Vete hijo, no te preocupes. Habíamos perdido el seny, el sentido común,  pero ya lo hemos recobrado. No necesitamos de intérprete para entendernos, sino de buena voluntad. Felizmente, tu intervención nos la ha hecho recobrar”.

Yo sueño con que esa fotografía que digo, la de los dos distinguidos políticos, andaluces de origen ambos, hablándose a través de tercera persona, que pone en evidencia, urbi et orbi, el ridículo papel que ambos interpretan, les sirva –si Dios nos es clemente a los ciudadanos-, para recobrar ese elemental sentido común que jamás debe faltar en la mochila de cualquiera que pretenda gobernarnos. Por favor, recapaciten y dense cuenta de su absurdo y risible comportamiento. Las lenguas, señores, se hicieron para entendernos todos, no para separar a nadie. Ni tan siquiera a los políticos. Por muy mala voluntad de la que quieran presumir. (Y no dudo que es mucha la que tienen. A la vista está.)

José María Hercilla Trilla
Salamanca,
26 Mayo 2010

 

 
PLAN DE AJUSTE. RECORTE DE SUELDOS PÚBLICOS

Primer día de la cuesta abajo. A las caceroladas del primer minuto, apenas acabada la votación en el Congreso, seguirá más ruido, mucho ruido, el estallido de ese “estado del bienestar” que en realidad nunca existió para varios millones, y que ya jamás existirá. Se inicia una peligrosa marcha atrás, que en lugar de alcanzar la “renta per cápita” de Italia, Francia o incluso Alemania, que de inmediato prometía Zapatero, nos acercaremos a la de Portugal, Grecia, o hacia la de Marruecos.

Y puestos a disparatar, a esa medida de rebajar los sueldos podrían seguir:

- El desmantelamiento de todo el andamiaje empresarial público, semipúblico o parapúblico, del propio Estado o Comunidades Autónomas, Ayuntamientos y entes híbridos subvencionados, todos operando a través de cientos de sociedades anónimas para burlar las leyes de control del dinero público.
- El copago en sanidad y enseñanza, ya anunciado.
- ¿Y la Justicia, engendro donde los haya?
- El aumento de todos los impuestos, inevitable.
- El despido del último millón de funcionarios.
- La reforma laboral lesiva a los intereses de los trabajadores, dice, el de UGT, o sea, una oficina del Gobierno.
- ¿Y meter mano a unas pensiones, que en principio se congelan, tras las que se esconden millones en el umbral de la miseria, o alimentados por sus familias o caridad pública?

¡La locura!

Porque además sin esas elucubraciones el decreto más significativo del CRAC no sirve para nada. El descuadre de las finanzas públicas es solo una parte de la quiebra del Estado, el verdadero problema radica en el podrido Sistema Financiero, en el pozo sin fondo de las quebradas cajas de ahorros.

Por cierto, ¿alcanzará el decretazo a las cajas y bancos, empresas avaladas en parte o  todo por el Estado? ¿Y a su infinidad de empresas propiedad o participadas, esos antiguos monopolios o oligopolios que gobiernan sus ejecutivos tras la venta por el Estado, la mal llamada privatización, donde los sueldos y prebendas de consejos de administración multiplican en mucho a los sueldos públicos?  Me temo que no. Una cifra insondable, que unida a la deuda exterior, generada por la suma del Déficit y la Quiebra del Sistema Financiero, hace que cualquier medida sea un parche que al deshinchar el globo cree más problema que solución.

Y esas señorías, 169, votando a favor del recorte obedeciendo al líder, porque de lo contrario se quedan sin sueldo, es parte de problema, quizá todo el problema. Pero sería lo mismo si gobernaran los otros 168. ¿Qué Democracia es esa que se vota por obligación, por voto cautivo? Parecido a las Cortes de Franco.

De nuevo las preguntas: ¿Para cuando elecciones primarias, listas abiertas y libertad de voto de los elegidos? ¿Para cuando la separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial? Y a las preguntas que siempre me hago, le sigue la respuesta; que tampoco eso arreglaría nada, pero sabríamos donde estamos.

Y de nuevo me respondo tras tanta pregunta; ¡que tengamos suerte!, y que los europeos, contentos porque a su criterio nos ponen en cintura, permitan que España reciba los euros necesarios para que sus cajeros y ventanillas bancarias continúen pagando, a la par que los políticos-financieros arreglen, maquillen o endosen al Estado, sus quiebras sin tocar los euros convertidos en negro en el gran FRAUDE FINANCIERO-INMOBILIARIO.

Rafael del Barco Carreras
  
Ver…www.lagrancorrupcion.com
 

Redefinición de palabras, ideas y conductas. Sobre todo, éstas

Antes de empezar a hablar, y sobre todo antes de ponerse a arreglar el mundo -se entiende que ellos,  los arregladores de profesión,  no nosotros-, tendríamos que sentarnos todos, para entenderles luego, a definir correctamente, de modo indubitado, algunas de las muchas palabras que les oímos pronunciar alegremente, a troche y moche, a toda nuestra casta política, palabras que lo mismo sirven para un cosido que para un zurcido, y que nos dejan sumidos en un mar de dudas, sin saber a qué, o a quién se refieren con ellas.

Está uno más que harto, por ejemplo, de oírles hablar de derechas e izquierdas, de ricos y pobres, sin que a estas alturas sepamos a ciencia cierta quienes son unos y otros, e incluso hasta sin saber si es posible que puedan darse las clasificaciones de rico de derechas y rico de izquierdas, de pobres de izquierda y pobres de derechas. Tampoco tenemos muy claro quienes son ricos y quienes son pobres, y mucho menos qué se entiende por ser de derechas o ser de izquierdas, sobre todo si les añadimos el remoquete de “de toda la vida”, usado por muchos como blasón a tenerse en cuenta, como distintivo de clase.

No cabe duda, creo yo, que la riqueza de cada sujeto tiene mucho que ver con su codicia, y que mientras alguno puede sentirse rico con tener un capital de veinte mil euros, o incluso con saber que tiene asegurado de por vida un techo para cobijarse y un plato en la mesa, otros hay a los que todo el oro del mundo les parece insuficiente a sus merecimientos. Y no sólo eso, sino que no dudan en cometer una vileza para incrementar su patrimonio, siempre a costa de amenguar el de terceros.

La avaricia o afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas, junto con la codicia o afán excesivo de ellas, aparte de servir como muestra para catalogar a las personas, es obstáculo evidente para que quienes tales desmedidos afanes padecen se dejen incardinar en una u otra de esas simplistas divisiones de ricos y de pobres. Nunca verán ellos saciados sus afanes de enriquecerse más y más, y quién así piensa y obra, evidente resulta que es un pobre, o, por lo menos, un rico todavía no lo suficientemente rico, que viene a ser lo mismo que seguir siendo pobre. Para su desgracia, claro está.

Intenta tú encuadrar a este sujeto, a efectos fiscales, en el grupo de los ricos, a fin de que contribuya con proporcional parte de su tesoro a la comunidad, y verás como se defiende y opone a tal encuadre y contribución. Verás como se escuda en que todos somos iguales y que, por ello, no se le puede a él exigir mayor contribución que a cualquier pelanas contribuyente, que para eso estamos.

Yo recuerdo, de cuando estudiaba primero de Derecho, aquello que se nos decía de que el Estado está constituido para, entre otras cosas, dar al ciudadano lo que éste necesite, y recibir de los ciudadanos conforme a la capacidad económica de cada uno de ellos. La cosa estaba bien clara, y uno, en su simpleza e idealismo juveniles, se sentía orgulloso de ser ciudadano de un Estado que así se comportaba con todos los necesitados, socorriéndoles, y al que todos correspondíamos conforme y proporcionalmente a nuestras posibilidades. Y no sólo eso, sino que hasta creíamos que no habría nadie que pudiera discutir ese principio.

Claro está que, para que su aplicación fuere factible sin reparos, también habría de estar vigente, además de ese principio, aquel otro que también nos predicaban de la igualdad de todos los hombres en un futuro Estado democrático. Digo lo del futuro, pues en aquellos lejanos años de la “oprobiosa”, lo de la democracia se encontraba en entredicho, por decir algo de cómo estaban las cosas por entonces. Pero bueno, lo de la igualdad y lo del reparto de cargas a los más pudientes y de ayudas a los más necesitados de ellas, eso eran principios que se nos ofrecían como intangibles.

Lo que nunca, en nuestra ingenuidad, creímos que fuere posible es esta triste e ignominiosa realidad de que los que más tienen, más facilidad tienen también para escaquearse de sus obligaciones fiscales, mediante una serie de recursos o estrategias implantados por ellos mismos en los ordenamientos legales, a efectos de salvar sus responsabilidades. Legales, que no morales.

Volviendo a lo que decía al principio, de definir correctamente las palabras para saber a qué se refieren los “arregladores” del universo cuando nos hablan, no sólo es la de pobre y rico, izquierdas y derechas –las más usadas-, sino otras muchas de las que antes uno tenía clara conciencia, pero que ahora no sabemos realmente que significan. Cuando me hablan de que vivimos en un Estado socialista, de que nuestros “arregladores” son de ideología socialista, no puedo por menos de acordarme de mi amigo Polidoro, que a esto dice que: ”Este socialismo, que me lo claven en la frente”, como prueba de su manifiesta incredulidad en esa predicada y prodigada ideología, que no viene a corresponderse ni con la forma de gobernar ellos, ni tampoco con la de vivir cada uno de esos “socialistas arregladores” sus respectivas vidas privadas, más dados ellos al lujo, a la ostentación, a la opulencia y al derroche de sus emergentes y crecientes fortunas, que a vivir y manifestarse como algunos ingenuos llegamos a creer que era preciso hacer cuando se presumía de socialista.

Hasta tanto suframos eso, a lo que nos tiene acostumbrados la casta de arregladores de la cosa pública o políticos en ejercicio, de que se puede ser públicamente de izquierdas y además socialista, pero viviendo privadamente como si se fuese de derechas y además capitalista, me será imposible, ni entender lo que me dicen, ni dar crédito a lo que prediquen al contribuyente.

En la redefinición de ciertas ambiguas palabras, en la criba de ciertas conductas “ostentóreas” y en el seguimiento y averiguación de improvisadas fortunas, surgidas poco menos que de la nada, podrían sentarse las bases de futuras credibilidades, hoy esfumadas en la conciencia popular, más por obra de los “arregladores”, que por voluntad de los mal arreglados.

Allá por los años cuarenta, de funesta memoria, la casta estaba compuesta principalmente por los estraperlistas, de toda índole y de todo tamaño, que pasaron a controlar –hasta donde alcanzaron sus influencias- la vida administrativa de aquella nación en ruinas y a hacerse con casi todo el dinero que se había salvado de la quema. Surgieron las grandes fortunas, inexplicadas e inexplicables. Conocí uno de aquellos arribistas, a quien el pueblo no le perdonaba, no sus inicuas explotaciones e insólita y adventicia riqueza, sino su soberbia, su despotismo, su insolencia de nuevo cuño, incluso con aquellos mismos que antes habían sido sus iguales de toda la vida, sus convecinos de siempre, hasta sus compañeros de infancia. Hablando de esa extraña conducta con mi abuela, mujer prudente ella, vino a darme –como única explicación a mis dudas-, la siguiente respuesta: “No olvides nunca, nieto, que no hay cosa que pique más, que un piojo vestido de limpio”. Cuidado que han pasado años desde entonces, pero no encuentro mejor frase para explicarme ciertas conductas contemporáneas. Y también, ¿por qué no?, imperdonables.

O nos ponemos de acuerdo en el recto significado de las palabras o no vamos a ninguna parte. De esa discordancia entre lo que se dice y lo que se hace, entre lo que se predica y cómo realmente viven ciertos predicadores, viene esa creciente desconfianza hacia la casta, hacía cualquiera de ellas, de derechas o de izquierdas, que –en principio- no parecen ofrecer ni garantizar muchas diferencias entre sí.

Escribo esto sin ánimo alguno de ofensa, a título de comentario personal e intrascendente, enfebrecido quizás por las desusadas temperaturas que estamos sufriendo en esta tarde de mayo, más propias del mes de julio que de ahora, calores que me tienen el espíritu “escocío”. A ver si se moderan, las temperaturas por un lado y ellos, los “arregladores” del Universo por otro, haciendo lo posible éstos por ponerse a vivir como si realmente fuesen de izquierdas, lo que dicen ellos que son. Pero que yo no lo veo.

José María Hercilla Trilla
Salamanca,
22 Mayo 2010
 

20-05-10 REAL DECRETO LEY

Con cortar y pegar los enunciados más significativos se toma conciencia de la gravedad de las, a mi criterio, primeras medidas anticrisis. Los decretos desde el 2008 (ver, si pueden, www.lagrancorrupcion.com)  repartían al Sistema Financiero los euros arrancados a Europa para apuntalar la quiebra fraudulenta causa  del masivo fraude financiero-inmobiliario; primero, turbulencias achacadas a los americanos, después crisis, y entramos en el rescate. Se inicia un camino de recorte en principio al sector público, y seguido al privado con previsibles subidas de impuestos (el IVA ya aprobado)  cuyo final es de imposible predicción. Los economicistas y propagandistas del PSOE,  enriquecerán sus previsibles manuales de discurso y eslóganes tópicos (por ejemplo, !pagarán los que más tienen!, ¡qué originalidad!), y la llamada oposición otro tanto, pero digan lo que digan, la bola de nieve continúa en caída libre y a más velocidad.

Europa no ha tenido más remedio, al inyectar el dinero necesario para que España no la arrastre a una debacle financiera, que obligar unas medidas, que si en sus países significarían rectificación y hasta ajuste presupuestario, en España donde la indisoluble amalgama Estado-Sistema Financiero es absoluta, empeorarán la ya muy deteriorada economía.

El decreto, adjunto en su totalidad ayer en www.lagrancorrupcion.blogspot.com, dice:

Medidas incluidas en el Real Decreto Ley

El contenido del Real Decreto Ley concreta las medidas de ajuste que se adoptarán en las próximas semanas para conseguir esa reducción adicional de 1,6 puntos del PIB del déficit público en 2011. El ahorro previsto en el gasto público es de 5.250 millones adicionales en 2010 y otros 10.000 millones en 2011.

- Reducción de un 5 por 100 de los salarios públicos

El Real Decreto Ley establece una reducción media del 5 por 100 en términos anuales de los salarios de los empleados públicos, que se aplicará con criterios de progresividad para minimizar sus efectos sobre los salarios más bajos. La escala oscilará entre el 0,56 por 100 y el 7 por 100 en función del nivel de ingresos del grupo profesional, afectará al personal de todas las Administraciones Públicas

- Suspensión de la revalorización de las pensiones en 2011
- Suspensión del régimen transitorio de la jubilación parcial
- Eliminación de la retroactividad en prestaciones por dependencia
- Eliminación del “ cheque-bebé ”
- Recorte del gasto farmacéutico
-
Acuerdo de no disponibilidad y plan de revisión

El Consejo de Ministros también ha aprobado en el día de ayer un acuerdo que concreta, por una parte, la no disponibilidad de créditos por valor de 2.425 millones de euros dentro de los Presupuestos Generales del Estado de 2010 para dar cumplimiento al ajuste adicional aprobado hoy y, por otra, el Plan de Revisión del Gasto del Estado para el periodo 2011-2013, que prevé un recorte de 2,4 puntos del PIB del gasto público.

Modificación de los acuerdos marco con Comunidades Autónomas y Entidades Locales

La Actualización del Programa de Estabilidad y Crecimiento remitido a Bruselas el pasado mes de enero ya establecía que, para dar mayor eficacia y alcance al Plan de Austeridad previsto en el marco de la Administración General del Estado, se suscribieran sendos acuerdos marco con Comunidades Autónomas y Corporaciones Locales para implicar a las administraciones territoriales, que gestionan más de dos terceras partes del gasto público, en el objetivo de consolidación fiscal para 2013.

Añadir más comentarios a la cita de Comunidades Autónomas y Corporaciones Locales, pozos sin fondo, sumando a sus desmesuradas estructuras y presupuestos unas cajas y caixas esquilmadas y quebradas, y con un poder político que dirimirá el futuro, solo aportarían palabras y más palabras a una situación que se incubó hace muchos años y que de no existir la ZONA EURO, repito por enésima vez, ahora el célebre CORRALITO ARGENTINO sería una nimiedad.

   Rafael del Barco Carreras
  
Ver…www.lagrancorrupcion.com
 

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