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Cartas de los lectores
 
PROPUESTAS LIMPIEZA CALLES DE VALDEMORO

Soy vecina de Valdemoro desde hace cuatro años y me he decidido a escribirles gracias a este espacio de participación que nos brindan y que saludo con agrado. Sin duda la experiencia vecinal es una gran fuente de denuncia para los distintos partidos políticos y por tanto espero rescatar con mi escrito lo olvidado e invisible de este municipio.

Mi domicilio se encuentra entre las calles de Castilla León y el Paseo de la Comunidad de Madrid. Ambas calles se encuentran en una situación absolutamente lamentable. La falta de limpieza es continua, convirtiéndose en calles casi intransitables debido a los orines y excrementos de los perros que no recogen ni dueños ni servicios de limpieza.

En el Paseo de la Comunidad de Madrid esquina calle Aguado se encuentra situado un arenario para perros, provocando un continuo y diario transito de cientos de dueños con sus mascotas, lo que se deriva de esto se puede imaginar. El número de perros en el municipio parece extraordinariamente alto por lo que he logrado observar, y sin embargo la existencia de estos arenarios es prácticamente nula o escasa. No se puede concentrar toda la colonia de mascotas en una calle. Que sepa en toda la zona de las comunidades solo existe este arenario y el más próximo se sitúa en la calle Hispanoamérica /esquina calle de Cuba.

Lo que les sugiero es que se ponga más atención a este tipo de dotaciones o servicios, reordenando calles y dotándolas de lo necesario para que sean saludables y practicables.

Por otro lado el Paseo de la Comunidad de Madrid sufre como otras muchas calles del municipio una importante falta de visibilidad en los pasos de cebra, debido a los contenedores de papel y/o vidrio que impiden ver al peatón poniendo en peligro no solo a los viandantes sino a los propios conductores. No se entiende como un municipio con más de 60.000 habitantes, sin un solo semáforo quiero recordar, coloca sus contenedores en los límites de los pasos de cebra, sin duda el que los coloco o no conduce o no recicla.

Por tanto se propone para las citadas calles y sus alrededores:

-Creación de nuevas areneros para perros en otras calles, ya que resultan manifiestamente insuficientes.
-Campañas de concienciación y multas reales y efectivas (contempladas en la ordenanza) a los propietarios de perros que no recojan los excrementos de sus perros.
-Limpieza habitual de calles, no sirven las limpiezas generales que se realizan una vez al año.
-Reubicación y reordenación de todos los contenedores municipales que impidan la visibilidad en los pasos de cebra.

Espero pues que mis sugerencias tengan cabida entre sus argumentos y reivindicaciones.

Miriam Moreno
 

¿Qué ESTÁ PASANDO?

¿Qué está pasando con el amor? ¿Estamos llamando amor a lo que sólo son amoríos? Sobre el amor se han llenado muchas páginas de libros y revistas. Hay excelsos artículos, muchas veces románticos que nos hacen exultar al comprobar que la entrega es algo maravilloso. El dejarse absorber voluntariamente el yo, mi yo, por la persona amada que llega a formar así algo indivisible con la que ama, porque es parte de mi persona. Y no es una entrega ni una invasión dolorosa. Es voluntad afirmada, consciente de que ahí está la felicidad de la persona amada, que es a la vez mi felicidad al ser vivida y compartida.

Y no es una felicidad utópica o vivida como algo pasado de moda. Como una instantánea que puede ser superada por la siguiente, y no es así. El amor ha entrado en el tiempo con una sucesión de episodios que van reafirmándolo y reclama la palabra fidelidad.

Pero hoy, en la época de las citas a ciegas ( el amor es ciego pero no tanto, ni tonto) la fugacidad de lo transitorio “exige” otros tipos de amor, el amorío que siempre existió y era algo censurable, como ave extraña en el común “ gallinero” de la sociedad. Era algo execrable, algo despreciable que reprobaba la sociedad normal.

Hoy el amorío se exhibe y es excitante su “proclamación” en los medios. Da la impresión de que el amor verdadero, el amor sin veleidades, ya no existe. Ha sido desplazado por el amor del “papel cuché”; el que se pregona y vende. El verdadero problema es que se ve, llama la atención y es seductor, seductor como el mismo mal. Y como aquello que seduce, tiende a imitarse con un mimetismo peligroso que lo equipara con el éxito en la vida. Todo ello induce a la falta de compromiso, utilizar al otro para mi satisfacción, que es la muestra del egoísmo, que puede ser a dúo y la ruptura es algo preanunciado. En la ruptura alguien sufre y se siente humillado y su reafirmación es la destrucción del otro o de la otra.

Las consecuencias las estamos viendo y la ignorancia no quiere ver los orígenes. Se rompen la cabeza los ministros de igualdad y los políticos cuando están inmersos en valores, habitualmente, sólo económicos o tecnológicos. ¿Cómo es posible?, se preguntan. Yo denuncio. Sí, es la falta de valores transcendentales que serían cuna de la fidelidad  y sin cuna no puede criarse la maravillosa criatura que es el amor fiel.

Alfredo Hernández Sacristán

 

Sentida despedida

Llevo unos días intentándolo, aunque solo sea por seguir el mandato del médico, que me obliga a ello. Me refiero a la escritura, a ese artículo o comentario semanal con el que desde hace ya muchos años abrumo a mis amigos lectores. Lo intento, una y otra vez, pero no puedo. No es por falta de ideas, ni por falta de interés, y mucho menos por falta de atención hacia ustedes. Yo atribuyo esta situación de desgana, de abatimiento, a los dolores, que me tienen atontado, e incluso en muchos momentos inmovilizado, de mente y de piernas, hecho un inválido octogenario. Nunca he comprendido que para morirse haya que sufrir. Quizás mientras se vive, el dolor sea un castigo impuesto al hombre por sus imperfecciones morales: Comerás el pan con el sudor de tu frente, parirás con dolor, tu vida será una continua y dura lucha, se nos anunció. Y todo ello hemos soportado con dignidad y entereza, casi todos, en nuestros años de juventud, e incluso en los de madurez, cuando aún gozábamos de independencia. Cuando somos dependientes de otros, sean familia o terceros, y nos vemos al fin viejos o inútiles -o simplemente “antiguos”, como dicen algunos optimistas-,   incapaces de servirnos por nosotros mismos, enfermos crónicos, próximos al final, consideramos una crueldad innecesaria cargarnos además con el dolor, sobre todo ese dolor continuado que recaba toda tu atención, del que no puedes desprenderte ni un momento puesto que va contigo, muchas veces acompañándote día y noche. ¡Y cuidado que son largas las noches en la enfermedad!.

No, no me hagan caso ustedes, estaba en un momento bajo cuando escribí lo anterior, anonadado por el dolor. He tomado un simple “Nolotil”, y ya veo la vida color de rosa; bueno, ligeramente rosada. Es difícil verla completamente rosa con este clima político en el que vivimos inmersos, en el que, de lo único que podemos tener certeza, es del amargo final que nos –mejor dicho, os- espera. ¡Pobre España! Es asombrosa esta codicia que embarga a la casta política y a directivos, más bien propietarios, de bancos y cajas, principalmente, y aquí si que es ocioso añadir “con algunas excepciones”. En seguida nos preguntarían: ¿Cuáles?, y no sabríamos contestar.

Por dinero se cometen las mayores felonías, se retuercen las ideas, se hacen los más extraños amigos, se vende o fracciona la patria, y hasta se emputece el alma. Y  perdón por la expresión, que ya saben mis lectores como cuido mi lenguaje, evitando ordinarieces. Pero todo tiene un límite, traspasado el cual, hasta se perdona un taco, y a quien lo dice. Perdón, pues. Todo dinero parece poco para lograr emular al prójimo. Recuerdo que cuando empecé a estudiar Derecho, hace casi un siglo, se nos hablaba del “efecto emulación”, que movía el mundo y trastocaba todas las normas positivas o morales que a él se oponían, a esa emulación.. Entonces me pareció una exageración, hoy creo que efectivamente es así, y aún se quedaba corto quién tal decía. ¡Y cuidado que es corta la vida! No da de sí para gozar de fortuna alguna. Como decía un cantar: “Qué temprano se nos hizo tarde”. Sí, tarde para todo. Incluso para gastar lo atesorado. La vejez es lo más imprevisto que nos sucede, y cuando llega, surge en nosotros un desprendimiento hacía todo, un desinterés por todo, todo lo que sucede en nuestro entorno nos produce hilaridad, especialmente los hombres importantes, personajes y personajillos, erigidos en redentores del género humano, cuya meta primera y última es redimirse a sí mismos, antes que a nadie, aunque esos nadies les sean necesarios para conseguir sus fines. Al fin y al cabo, de “nadies” se forman las listas de contribuyentes.

Ayer hubo huelga. Yo ni la he notado. Llevo varios días escribiendo y ayer fue un día igual a todos. Me encontré, cuando salía al kiosko a comprar el diario, con un vecino que me preguntó en broma que si yo hacía huelga, al que contesté que llevaba veinte años haciéndola. Y así es. La jubilación es una especie de huelga, aunque no sea obligatoriamente de brazos caídos, eso depende de cada uno. Los años, y con ellos las enfermedades, van marcando la pauta, obligándote a ir moderando la actividad, sea cual sea el entretenimiento elegido, hasta transformarte en un estorbo. Queridos amigos lectores, llevo algún tiempo pensándolo, pero creo que lo mejor es despedirme de todos ustedes. No saben cuan doloroso me resulta, pero creo que cuando se llega al fin, hay que reconocerlo. Cuando se tarda más de dos horas en escribir un artículo, cuando uno se repite una y otra vez, cuando lo que antes era un placer, es decir escribir, se torna una carga, cuando las ideas escasean, cuando descubres que eres uno más de los que perdieron gran parte de la memoria, cuando tienen que recordarte diariamente que te abroches la bragueta, te das cuenta de que se acabó lo que antes se daba tan fácil y gratuitamente.

Queridos amigos lectores, no digo que algún día no retome la pluma, pero no será por obligación –auto-impuesta, desde luego-, ni a plazo fijo tampoco. Puede ser que en algún momento me sienta inspirado y necesite de la escritura para serenarme, en cuyo caso alumbraré lo que Dios quiera, pero, supongo, que de guindas a brevas.

Mientras tanto, repito, me despido de ustedes, y me despido igualmente de mi amigo Tomás, director de este Es Diari, y de mi amigo Rafa, director a su vez de La Codosera y del diario digital de Valdemoro, que me dan acogida en sus páginas. Gracias a todos. A ver si hay suerte y puedo volver hasta ellas y hasta ustedes, Gracias.

José María Hercilla Trilla
Salamanca, 02
Octubre 2010
 


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